La piel sensible y reactiva es la que más sufre los efectos de las agresiones externas. ¿Sabes cuáles son sus síntomas y cómo identificarla?

La piel reactiva o sensible es un problema dermatológico que afecta a gran parte de la población. El numero crece cada día y ya aproximadamente 1 de cada 3 adultos sufren este problema. De este tercio se estima que el 60% son mujeres y un 40% hombres.

Son muchos los factores que predisponen a una piel reactiva, como son la genética familiar o el color de nuestra piel ya que afecta más a las personas con piel clara.

¿Qué es la piel sensible?

Se trata de una piel reactiva y de baja tolerancia a los factores externos. Los síntomas más evidentes son:

  1. Enrojecimiento
  2. Sensación desconfortante de calor
  3. Picor
  4. Descamación
  5. Sequedad

Estos sintomas no son permanentee en la piel, sino que aparecen de forma transitoria en períodos de mayor o menor irritación según el nivel de tolerancia y estado de nuestra piel.

El origen de la reactividad de la piel

Tener la piel reactiva se debe a diferentes causas. Una de ellas es medioambiental y tiene que ver con el calor, el frío, el sol, los cambios bruscos de temperatura o la contaminación. El contacto o aplicación de un ingrediente poco tolerado, agua muy dura o ciertos tejidos también pueden provocar molestias en la dermis. Pero también el debilitamiento de los vasos sanguíneos por la acción de ciertos factores internos, como la ingesta de comida picante o alcohol, es un signo de este padecimiento.

Cómo cuidar una piel reactiva

Es importante consultar con nuestro dermatólogo si sentimos algún síntoma asociado a la piel sensible o reactiva para descartar otros tipos de problemas con sintomatologías parecidas. Después de la revisión y diagnóstico por parte de un dermatólogo, y siguiendo sus recomendaciones, se deben adoptar las siguientes medidas:

  • Limpieza: Recurrir a un jabón específico para piel sensible o reactiva, que limpie pero a la vez proteja a la piel manteniendo su hidratación.
  • Hidratación: Este es el paso fundamental. Una piel sensible suele ser fina y su barrera hidrolipídica es casi inexistente por lo que se dehidratacon mucha facilidad, convirtiéndose en una piel seca. Por ello, es importante recurrir a cremas hidratantes, con fórmulas especialmente adaptadas, que eviten la pérdida excesiva de agua. No solo se debe hidratar la piel en general, también se deben hidratar los labios, siempre con ingredientes calmantes y emolientes.

Mantenimiento del buen estado de la piel:

Además de la ayuda cosmética, la alimentación es clave para mantener el buen estado del cutis. En este sentido, es importante seguir una alimentación saludable, que pueda aportar a la piel todos los nutrientes necesarios para evitar su desgaste y favorecer la renovación celular. Este es un principio válido tanto para todo tipo de pieles: reactivas, sensibles o normales.

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Neathea